3448_370511436358398_1238307222_nMi nombre es Juan Carlos Reyes, soy de Barcelona, tengo 30 años y aparentemente tengo una vida normal: Tengo un buen trabajo, me gusta mucho seguir a mi equipo de fútbol, me interesa la moda, me encanta salir, soy un fanático de las artes marciales, me voy de cañas con los del curro… Pero llega una noche al mes, con mucha suerte 2, en la que toda esa normalidad se detiene, y se transforma en una noche bailando 6 horas como pollo sin cabeza, con gente emanando felicidad con hora de caducidad (6 o 7 de la mañana), se convierte en horas hablando de discos, en conocer a gente amante del soul de otros países y sobretodo se acaba saciando el mono adquirido al suelo de parqué, al polvo de talco y a un negro, desconocido por la gran mayoría, sonando a 45 rpm en un disco de vinilo o de estireno que ni si quiera él recuerda haber grabado. Mi vida no tiene nada de normal, soy un northern soul aficionado.

Es imposible explicar la sensación. Hay que vivirlo, hay que sentirlo, tenéis que realizar todo el ritual nocturno de una allnighter, hay que dejarse llevar, dejarse enganchar. Hay que amarlo
aunque acabes odiándolo. Tus vacaciones se transforman en viajes relámpago a cualquier punta del país o a cualquier sitio recóndito del Reino Unido, donde otros fieles seguidores han tomado su avión, coche, tren, autobús para reunirse por fin con ese dj que tenían ganas de bailar, con el set que les va a ofrecer, del que van a estar días hablando. Tus (auto)regalos se transforman en 1979660_1415992095316925_910755955_nsingles con los que soñabas cuando aun no tenías este trabajo. Tus amigos de repente son expertos en New Orleans, Chicago o en ediciones canadienses. Estos mismos han leído un fanzine escrito en los 90 cuando tú aun ibas a la EGB. Por las noches el reloj se transforma en un arma emocional que empieza a jugar en tu contra desde que pones un pie dentro de la sala, el dichoso tic tac te hace pasar de la efusividad a la desolación en 2 temas. Porque sí, el espacio-tiempo se acaba midiendo en temas de dos minutos y medio. El estar a gusto contigo mismo y con la pista se le llama magia. La pista de baile, adquiere carácter de Iglesia, prohibido beber, prohibido hablar; solamente se baila, se dan palmadas al compás del tema, se acaban los estribillos con alguna lágrima. Se acabaron los códigos estéticos, vales lo que conoces de soul, vales lo que bailas y cómo lo bailas, te valorarán por cuanto tiempo puedes evitar irte a tu casa a dormir. Cobarde.


Todo esto forma parte del Northern soul. Fidelidad, entrega, sacrificio… No es un estilo musical, no es una tribu urbana, no está de moda, desengañaos, ni si quiera es cool. No es bonito ni mucho menos. Aun así, es la vida que he elegido. Es la libertad estética, la pasión real por la música fundida con el baile. Es la de sentirse el rey de los raros. Cuanto más raro y oscuro, mejor.

Estar bailando a las 5 de la mañana con otros búhos, mientras el resto duerme o madruga para tener un domingo tranquilo o normal, eso es el Northern soul. 

Tenéis la oportunidad de vivirlo a la antigua usanza, con la fórmula: pista de parqué, ballroom y djs británicos que formaron parte del inicio de esta escena, el próximo 3 de Mayo en la sala Galileo de Madrid. Tendréis la oportunidad de conocer mi normalidad, nuestra normalidad.

                                                     Jota Cé professional timewaster 

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